Hoy contamos con valiosos informes sobre la huella de carbono de distintos productos, actividades o incluso sectores, gracias a los cuales podemos saber si la huella de carbono de un correo postal es mayor o menor que la de un e·mail, la de un libro o la de un e·book, la de una bolsa de papel o de una de plástico…

La industria del papel ha reducido su huella de carbono más del 10% entre 2005 y 2008. Por tanto, no hay que tener miedo a consumir papel, ya que si comparamos las emisiones promedio asociadas al consumo de papel por persona y año en España, estamos hablando de menos de 200 kilos de CO2 equivalente. Muchas actividades cotidianas, como coger el coche o consumir carne, emiten mucho más que eso.

FEFCO, la Federación Europa de Fabricantes de Cartón Ondulado, ha medido la huella del embalaje de cartón ondulado y ha anunciado que las cifras se han reducido un 11,7% en los últimos tres años. En cambio, el embalaje de plástico deja una huella de casi tres veces más kilogramos de CO2 por tonelada. No hay que olvidar que el transporte produce el 35% de las emisiones totales de CO2.

Como el cartón ondulado se adapta perfectamente al producto y no transporta aire, permite aprovechar al máximo el espacio en camiones, almacenes y lineales y contribuye a reducir la huella de carbono del producto que envase.

Por otra parte, el cartón ondulado nace de una fuente natural y renovable de materia prima, el árbol, que fijando CO2 produce madera, de la que se obtienen las fibras de celulosa con las que se fabrica el papel. El CO2 fijado en el árbol permanece en los productos papeleros, que son verdaderos almacenes de carbono. El papel, una vez utilizado, se recicla varias veces. Cuando ya no es apto para nuevos usos, se valoriza como combustible (biocombustible), al igual que la biomasa y los residuos del proceso de fabricación.

 

 


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